A menudo se subestima el impacto de soltar insectos en la naturaleza. Precisamente en el caso de los invertebrados, persiste la idea de que un solo ejemplar no puede causar ningún daño al aire libre. Sin embargo, desde hace unos años, las investigaciones demuestran claramente que esta suposición es errónea. Esto queda especialmente patente en el caso de las mantis invasoras, que se han establecido en varias regiones de Europa.
Mantis invasoras en hábitats modificados por el ser humano
Los mantis asiáticos del género Hierodula (Hierodula tenuidentata / patellifera) ya se han detectado en muchas partes de Europa, sobre todo en ciudades y zonas suburbanas. Se benefician de las islas de calor, los jardines con mucha variedad de estructuras y una oferta constante de insectos. Lo decisivo no es solo su tamaño o su comportamiento de caza, sino una combinación de características biológicas que resulta especialmente eficaz en nuevos hábitats.
En este tipo de entornos, las mantis invasoras se encuentran con condiciones que favorecen su expansión, sin que el ecosistema existente esté preparado para ello.

Reproducción y dinámica poblacional
Los estudios muestran que las mantis invasoras tienen una alta capacidad reproductiva. De un solo ootecho nacen, de media, muchas más crías que en el caso de la mantis religiosa autóctona. Al mismo tiempo, la mortalidad temprana por canibalismo es menor de lo que se pensaba desde hace tiempo.
Esta combinación hace que las poblaciones puedan crecer mucho en poco tiempo, sobre todo allí donde las estructuras humanas crean unas condiciones favorables.
Las parejas inadecuadas como mecanismo de desplazamiento subestimado
Hay un aspecto que se ha pasado por alto durante mucho tiempo y que tiene que ver con la biología reproductiva. En experimentos controlados, los machos de la Mantis religiosa autóctona no solo reaccionaron ante hembras de su propia especie, sino también ante hembras de Hierodula. Al parecer, las señales químicas no son estrictamente específicas de cada especie.
Para los machos, esta desorientación les sale cara. Cuando se acercan, se los comen. Estos procesos no son solo un fenómeno de laboratorio, sino un mecanismo biológicamente plausible que puede darse de verdad en poblaciones mixtas.

Repercusiones en las especies autóctonas
Para la mantis religiosa autóctona, este efecto es más que un simple detalle espectacular. Los machos son la fase de vida más móvil de la especie. Si se pierden en número significativo debido a estos emparejamientos erróneos, eso puede afectar a la reproducción de la población.
La desplazamiento no se produce aquí por competencia abierta, sino por sutiles alteraciones en el sistema reproductivo. Son precisamente esos mecanismos los que hacen que las mantis invasoras tengan un impacto ecológico, sin que se note de inmediato.
Comportamiento de caza y alcance ecológico
A esto se suma el comportamiento depredador generalista de Hierodula. Estos animales se alimentan de una amplia variedad de presas, que van desde pequeños insectos voladores hasta especies grandes y bien defendidas. En algunos casos incluso se han documentado pequeños vertebrados como presas.
Este tipo de observaciones son poco frecuentes, pero ponen de manifiesto el potencial ecológico de las mantis invasoras una vez que se han establecido. Esto puede ser especialmente relevante en hábitats fragmentados o en áreas limitadas.
¿Por qué los despidos surten efecto de inmediato?
Todos estos efectos no se deben a que las mantis invasoras sean más agresivas o problemáticas que las especies autóctonas. Se deben a que estos animales se cuelan en ecosistemas que no están preparados para ellas. La evolución va despacio. Las sueltas tienen un efecto inmediato.
Una vez que se ha soltado un animal, ya no hay forma de recuperarlo. Una población ya establecida es casi imposible de controlar.
La responsabilidad en la cría de reptiles y amfibios
En este punto, la responsabilidad se vuelve concreta. Quien tiene, cría o cede animales, influye en si esos procesos llegan a ponerse en marcha. Esto no solo se aplica a las especies grandes y llamativas, sino también a los paquetes de huevos, las crías o los insectos supuestamente inofensivos que, de todos modos, se mueren de frío en invierno.
Abandonarlo no es una solución, sino un riesgo. Tanto para el propio animal, que fuera suele tener pocas posibilidades de sobrevivir, como para el medio ambiente, al que se introduce sin control.
Los centros de acogida, una alternativa sensata
Ahí es precisamente donde entran en juego los centros de acogida. En INSEKTENLIEBE hay un centro de acogida para insectos, pensada como una alternativa práctica a soltarlos en la naturaleza. Puedes traer a los animales, que serán clasificados por expertos y, tras un control, se te buscarán nuevos hogares o se les dará un nuevo hogar.
Así se consigue una solución que tiene en cuenta tanto el bienestar animal como la protección de los ecosistemas locales.
El ejemplo de las mantis invasoras muestra lo rápido que unas decisiones bienintencionadas pueden tener repercusiones ecológicas reales. Pero también demuestra que la responsabilidad no tiene por qué ser complicada. Empieza por no soltar a los animales sin más, y continúa aceptando ayuda antes de que una solución individual se convierta en un problema colectivo.
La cría de reptiles e insectos solo tendrá futuro si se toma en serio. Y eso implica también reconocer las consecuencias incómodas y actuar en consecuencia.
(Fuente: https://jor.pensoft.net/article/165233/)
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